Saturday, March 10, 2007

Testimonio de vida

Testimonio de vida.

Desde niño fui infeliz. Sé que es raro escucharlo así, tan repentino. Pero es la verdad. Mi familia era muy pobre. Siempre me faltó algo básico. A veces la comida. Otras veces era la ropa. Y en otras ocasiones eran ambas. Y no estoy exagerando. Es la pura verdad. Desde la edad de 4 años, tuve que aprender a trabajar para poder ser un aporte en mi casa. Obviamente no sabía hacer nada, así que partí trabajando con mi papá. Ayudándole en lo que él hacía. Lamentablemente no duró mucho, no porque yo no hubiese querido, sino porque cuando tenía 10 años, mis padres decidieron separarse, después de meses de conflictos. Simplemente se fue el amor, me respondía mamá cuando yo le preguntaba algunos “por qué”. Yo era el hombre de la casa ahora, por lo tanto tuve que salir a trabajar solo. Con lo que había aprendido de mi padre, empecé un pequeño negocio. No tenía mucho dinero, así que partí desde lo más bajo, pero tenía muchas ganas.
Llegaba todos los días cansado a la casa. Sin ganas de nada. Como puedes suponer, no tuve la oportunidad de estudiar como cualquier niño de mi edad. Ya perdí la cuenta de todas las veces que le reclamé a la vida por la familia en la que había nacido. Miraba a los niños jugando fútbol y me dolía. Los callos en las manos me recordaban que yo no podía hacer lo que ellos hacían. Aunque quisiera, las fuerzas no me daban para salir a jugar. Porque llegaba y lo único que quería era dormir.
A la edad de 15 años empecé a relacionarme con otros jóvenes como yo, y ahí noté la gran diferencia que había entre nosotros. Me di cuenta que ni siquiera sabía hablar correctamente. Eso me alejó aún más de la gente. Me volví un hombre solo y poco sociable. Sólo hablaba con mi hermano que desde que tuvo edad trató de acompañarme, aunque yo lo motivaba a que él fuera a la escuela, él no quería. Él quería ser como yo. Quería ser pescador como yo.
Así pasó mi vida. Siendo sólo un ilustre desconocido. Con un montón de heridas en el corazón. Una historia de vida cargada de amarguras, malos ratos, hambres, fríos, peligros de muertes y reclamos en contra del cielo. Miraba a hombres como yo y me sentía infinitamente inferior a ellos. Incluso entre otros pescadores yo era el más insignificante. Por eso, por mi baja autoestima, fui adquiriendo una postura de fuerte en la vida, para tapar mis miedos. Y poco a poco se fue transformando en mi carácter, y me volví un hombre duro. Sin sentimientos. Bruto en muchas áreas. Tosco, agrio, duro, malhumorado, etc. La vida no me trató bien y yo no trataba bien a nadie. No tuve papá y no estudié, no sabía hacer absolutamente nada, salvo pescar. No tenía absolutamente nada, salvo el carácter firme como una roca que lo formé a punta de sufrimientos. Y a pesar de todas mis carencias, un día se acercó a donde estaba yo, un tipo que según decían era especial. Una especie de nuevo maestro, con ideas raras, pero con mucha llegada a la gente. Me dijo: ven en pos de mí y te haré pescador de hombres (a mí y a mi hermano). La verdad es que no entendí mucho lo que me dijo, pero algo dentro de mí ardió como nunca antes. Pensé en que no tenía mucho que perder y que talvez sería mi única oportunidad de hacer algo con mi vida. Aunque también pensé en todas mis deficiencias, carencias y falencias. Hasta que un rayo de luz se me vino a la mente: “Dijo que me haría pescador de hombres” y para eso no necesito mucho conocimiento, porque eso sí que lo sé hacer bien. Todo esto lo pensé en unos segundos, mientras este maestro esperaba una respuesta. Cuando me abrió los ojos como diciendo: ¿y? Le dije que sí y me embarqué en esta causa hasta el día de hoy...

“Quiero dejar hasta aquí el testimonio de Pedro, porque lo que me interesaba compartir ya fue expuesto por él. No sé si te diste cuenta, pero Jesús no le pidió algo que él no tenía. Al contrario, le pidió lo que mejor sabía hacer: “pescar”, pero para su reino. Talvez ya hayas escuchado este tipo de mensaje antes, pero no importa, porque si estás leyendo esto es por “algo”. Y lo esencial es que Dios quiere usar lo que tú tienes. Aunque parezca que no tienes nada útil, créeme, en las manos de Dios eres un valioso utensilio para completar su gran plan maestro. Solamente hace falta que te decidas a poner lo que tienes a los pies de Jesús y disponerte a que él te use. Si sólo sabes cantar, eso sirve y es justo lo que Dios quiere usar. Si sólo sabes escribir, eso es lo que Dios necesita para su reino. Si sólo sabes ser amable, Dios eso lo quiere usar
para su reino. Por último, un consejito: Por favor, nunca menosprecies lo que Dios te permite, o te permitió, vivir, aunque sea algo terrible, trágico, cruel, inexplicable, doloroso, etc. Aún así, de esas situaciones tú puedes sacar algo muy provechoso, y usarlo en algún momento para bendecir a otra persona. Por malas que parezcan las circunstancias, recuerda ser como esponja y absorber la mayor cantidad de experiencia, para que en un futuro (cercano) puedas ayudar a otras personas que estén pasando por algo como eso.”


Créeme que si escribo esto es porque Dios quiso usarme, por amor a ti.

Con cariño, Cristian San Martín.