HISTORIA DE JOHN ITEO VEDESCO.
Yo sé que no me conoces. También sé que nunca se te pasó por la mente que alguien como yo te iba a dar alguna enseñanza. Tal vez porque nos parecemos, y al igual que a mí, se te hace difícil recibir enseñanzas de cualquier persona.
Antes de seguir, quiero presentarme. Mi nombre es John Iteo Vedesco. Soy oriundo de Israel y, hasta ayer, era de las personas que no hacía caso a lo que me decían hasta que no tenía clarito porque tenía que hacerlo. No iba a aguantar que me usaran de goma por las puras...
"Seguramente sabes de qué te estoy hablando. No estoy diciendo que tú seas así, pero tal vez conozcas a gente así. Gente que no es muy obediente que digamos. Gente que si no es el pastor el que le da la orden, sencillamente no hace caso. No importa si es el anciano, si es el pastor de célula o el líder de algún grupo. Si no es el pastor, o alguien "superior", no acatan en lo más mínimo la orden dada."
Pero déjame contarte mi experiencia. Un día normal, fome como todos los lunes en la tarde, me encontraba junto a mis amigos haciendo nada, tal como hace un mes, debido a mi desempleo crónico. En ese panorama, ocurrió algo poco común en mi barrio. Pasó un tipo excéntrico, locuaz y de personalidad muy atrayente.
Unos decían que era profeta, otros decían que era maestro y otros, que era un sanador milagroso. Lo cierto es que lo seguía una gran multitud. Yo estimo que eran unas 15000 personas y todas comentando las cosas que hacía este extraño personaje. Unos decían que hacía cosas muy buenas, incluso que resucitaba a los muertos. Pero otros decían que igual era un poco cruel porque le sanó la suegra a uno de sus discípulos. En fin, todo tipo de historias rodeaban a este hombre. Por esta misma razón me decidí a seguirlo y comprobar por mi mismo que era milagroso. Realmente era asombroso estar en sus caminos. Todo era color de rosa. Todo era lindo. Hasta que un día todo cambió. Al parecer se le subieron los humos a la cabeza y se le ocurrió empezar a dar órdenes a las personas que lo seguían...
"También hay gente así. Y no estoy diciendo que tú seas de aquellos, pero seguramente conoces a alguien de este tipo. Gente que lo pasó muy bien en el evangelio. Gente que disfrutó de los placeres del reino. Se asombró con todas las cosas que hacía el Maestro. Gente que fue "cristiana" hasta que osaron darle órdenes. Gente que "no era el perkin de nadie". Que vivía toda una vida de piedad, por fuera, pero por dentro era un rebelde y un desobediente como pocos. Que le gustaba disfrutar, y que la presencia de Dios lo tocara en los cultos, pero por causa de su condición de rebeldía, no podía disfrutar de lo mismo en su casa. Gente que asistía a cada culto que se realizara, pero cuando le hablaban de diezmos, se le paraban los pelos de inmediato. Gente que, incluso, asistía a una célula, pero en el momento en que le decían que tenía que hacer el aseo, al instante salía con una excusa para no hacerlo. Gente de ese tipo. Que no digo que seas tú, pero tal vez conoces a alguien así..."
Pero eso no es lo peor de todo, ya que lo más raro era que no entendía el "porque" tenía que hacer semejantes locuras. Es más, mis amigos y mucha gente más no quisieron acatar y se fueron. Al final, de los 15000 que habíamos en un principio, quedamos apenas 5000. El problema es que a este Jesús se le ocurrió que nos juntáramos en grupos de 50 personas. Sin un motivo en particular, se le puso entre ceja y ceja esto, y nadie pudo hacerle desistir. Luego que todos nos juntamos en grupos de cincuenta personas, como al "perla" se le ocurrió, éste salió con otra de sus ideas. Sin razón ni cordura, mandó a que todos nos acostásemos en el suelo mirando hacia arriba. Sí, yo pensé lo mismo que tú. ¿Para qué? A esas horas, sólo pensaba en comer algo. Llevaba varias horas sin comer, por seguir al "lindo". Sólo quería sentarme a la mesa y disfrutar un sándwich gigante con un vaso de bebida. Pero parecía que a este tipo no le importaba en lo más mínimo lo que nosotros sentíamos. A él le importaba que la gente se juntara en grupos de cincuenta y se acostaran en el suelo, y punto...
"Éste es otro punto neurálgico. Cuando nos piden hacer algo sin saber para qué. Hay algunos que si no entienden para qué, simplemente no lo hacen. Si te contara cuantas veces Dios me ha mandado a hacer cosas simplemente porque sí. La cantidad de testimonios que conozco de gente que a hecho cosas porque sí y han salvado vidas. Quiero ir al grano y sin muchos adornos. No debes esperar entender para obedecer. No pretendas saberlo todo. Deja que Dios te guíe aunque no entiendas. Cuando algún líder te pida algo, hazlo sin chistar. No seas del montón, vive la contra-cultura del evangelio en su plenitud. Cuando tus papás, un pastor o un líder te pide algo, es por alguna razón, pero no esperes a saberlo para acatar la orden. Se diferente y adora a Dios, aunque no entiendas..."
Una vez acostamos en el suelo, y el crujir de los estómagos parecía un concierto de sapos y ranas de una laguna, ocurrió lo sorprendente. Algo realmente sin explicación. Yo mismo puedo corroborar que en esa canasta sólo había 5 panes y 2 peces. Y de eso se le repartió a los cinco mil tipos que estábamos acostados en el suelo. No sé cómo, pero yo comí pan y pescado, me llené y sobró. No estoy seguro cuantas canastas recogieron de lo que sobró, pero sí estoy seguro que aprendí una gran lección. Hoy aprendí...
"La obediencia sin límites y sin cuestionamientos ni condiciones trae grandes bendiciones. Por medio de la obediencia se suplen necesidades. Por medio de la obediencia lograrás las cosas más extraordinarias. Sé que tienes necesidades, sé que tienes algo que le estás pidiendo a Dios. Por lo tanto, toma este consejo y obedece. Ofrécele a Dios un sacrificio de obediencia completa, y Él te responderá. Aunque no sea el pastor el que te manda, obedece. Aunque no entiendas para qué servirá lo que vas a hacer, obedece. Aunque no estés de acuerdo, obedece. No olvides que adoración es sinónimo de obediencia. Así que sé adorador, pero no del montón. No sólo de los que adoran cuando entienden, sino de los que adoran aunque no entiendan ni jota... ¡Adora!"
Tal vez fui un poco más directo y más brusco, pero quería lograr compartir contigo esta enseñanza de la misma manera en la Dios me la compartió. Quizás no es mucho, pero espero que te sirva tanto como a mí...
Con cariño, Cristian San Martín.
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