Mi pobre parcito.
Hace algunos años se estrenó una película que causó sensación en el mundo entero. Tenía por nombre: "Mi pobre angelito". La película se basaba en la historia de un niño que se quedaba solo en su casa para una navidad. Su familia se fue en avión a San Francisco y él se quedó en Nueva York. Luego de una divertida aventura con unos ladrones, este niño se reencontró con su familia y la película terminó.
Parece una historia bastante irreal. No tengo conocimiento si fue basada en un hecho real conocido por el creador de la película. Lo que sí tengo claro es que la familia de este niño tenía serios problemas de comunicación, porque no se dieron cuenta que faltaba uno de los hijos, sino hasta estar en el avión con destino a San Francisco. Si uno sigue viendo la película se puede dar cuenta que no fue porque no lo quisieron llevar, porque al percatarse que faltaba, hicieron todo lo posible por volver a la casa para que a su hijo no le pasara nada. Ahora, seguramente estás pensando lo mismo que yo pensé en un principio. Deberían haberse preocupado antes. ¿Cómo pueden ser tan despistados? ¿Cómo tan desconsiderados? Pero afortunadamente (perdónenme el término) se lograron dar cuenta a tiempo y no le pasó nada a su hijo...
Antes que empieces a juzgar a la familia " desconsiderada", déjame contarte un relato muy parecido, pero esta vez en la Escritura. Sí, como lo leíste, en la Santa Palabra de Dios hay una historia muy similar a la de la tan famosa película que te acabo de mencionar.
Un día, para la fiesta más importante del pueblo judío, la pascua, el papá, la mamá y el hijo, que conformaban la familia, fueron a Jerusalén para celebrar la fiesta de la pascua, como la tradición lo ordenaba. Terminada la fiesta, la familia volvió a su pueblo, salvo por un pequeño detalle. El detalle era que su único hijo de doce años se les había quedado en el templo de la capital. Imagínate lo que es para un niño de doce años quedarse sólo en la capital de su país. Piensa qué podría hacer un niñito de campo abandonado en el centro de Santiago. Bueno, ese niño era nada, y nada menos, que Jesús, el hijo de Dios. Sí mi hermano(a), a este parcito se le olvidó que Dios les había encargado cuidar al Salvador del mundo y lo dejaron abandonado en la capital. Este parcito, estuvo a punto de echar a perder todo el plan divino de Dios para con la humanidad, por un simple y estúpido descuido. Piensa un poco. ¿Le quitarías los ojos de encima al Salvador del Universo, si Dios te encomendara cuidarlo? Si supieras que un niño es el Hijo de Dios, y Dios te pidiera a ti que lo criaras, ¿lo descuidarías? Si supieras que de ti depende la Salvación del mundo, ¿lo dejarías en el templo de la capital?
Bueno, antes que empieces a juzgar a este parcito, déjame terminar el relato...
"La reflexión de todo este relato es muy simple. No dejes a Jesús en el templo.
No permitas que la salvación que el mundo necesita se te quede en las cuatro
paredes del templo donde te congregas. El mundo necesita alcanzar la salvación
que tú tienes, así que lleva a Jesús a tu liceo. Lleva a Jesús a tu colegio.
Lleva a Jesús a tu trabajo. Lleva a Jesús a tu universidad. Lleva a Jesús a tu
familia. Por mucho tiempo hemos tratado de llevar a la ciudad a Cristo, pero
ahora yo te digo que lo que debes hacer para lograr eso, es llevar a
Cristo a la ciudad. ¿Cómo? No pierdas oportunidad predicar el evangelio. Ya sea
con palabras o con actos, no pierdas oportunidad de llevar las buenas noticias
de salvación. No dejes a Jesús en el templo, porque la mayor necesidad está
afuera. Sólo disponte, y verás la necesidad tan tremenda que nos rodea.
Yo
sé que para algunos no es fácil hablar (con la boca) de Jesús, pero tus hechos
dicen mucho más que tus palabras. Lleva a Jesús a tus pruebas del liceo, y
muéstrales a todos que puedes tener las mejores notas, sin copiar. Lleva a Jesús
a tu negocio, y muéstrales a todos que se puede tener éxito sin necesidad de
evadir impuestos. Lleva a Jesús a tu vida diaria, y muéstrales a todos que se
puede ser feliz sin necesidad de drogas ni alcohol. Lleva a Jesús a todas
partes, mira a la gente a los ojos y verás lo mucho que necesita de lo que tú
tienes en tu interior. No dejes a Jesús en el templo... No hagas lo mismo que "
Mi pobre parcito". No quiero dejar lugar a dudas, y espero no ofender a nadie
porque no es mi intención, pero para ser más claro... no seas cristiano sólo en
el templo. No seas cristiano sólo en la célula o en intercesión. Que no te pase
lo que a la familia de la película "Mi pobre angelito", ni lo que le pasó a " Mi
pobre parcito", No dejes a Jesús en el templo. Por favor,¡predica de algún
modo!, porque el mundo lo necesita."
Una vez más espero haberles bendecido. Y que Dios haya tocado sus corazones con estas pocas líneas.
Con cariño, Cristian San Martín.
No comments:
Post a Comment